La Iglesia católica dominicana continuó ese domingo con las honras fúnebres de monseñor Gabriel Antonio Camilo González, obispo emérito de la Diócesis de La Vega, cuyo cuerpo es velado en la Catedral Inmaculada Concepción, donde sacerdotes, religiosos y fieles han acudido a rendirle homenaje y a recordar una trayectoria pastoral marcada por la sencillez, la entrega y el compromiso con las comunidades más vulnerables.
En la despedida fúnebre de monseñor Camilo González, asistieron obispos de todo el país, así como feligreses de toda la región, vinculados a la vida pastoral del líder religioso.
Durante el velatorio, el párroco del Santuario Nuestra Señora de las Mercedes, en Santo Cerro, Rafael Mendoza, definió a monseñor Camilo como uno de los grandes pastores de la Iglesia dominicana y aseguró que fue uno de sus “hijos espirituales”, debido a la estrecha relación que ambos mantuvieron durante años.
Mendoza recordó que ejerció como secretario del entonces obispo entre 2005 y 2006, una experiencia que, según afirmó, le permitió conocer de cerca su dimensión humana y espiritual.
“Podría escribir un libro sobre monseñor Camilo“, expresó el sacerdote al destacar su humildad, su sencillez de vida, su cercanía con los pobres, su amor por las familias y su permanente empeño por promover las vocaciones sacerdotales y religiosas.
El sacerdote también evocó algunas anécdotas personales que reflejaban el carácter afable y el sentido del humor del obispo emérito. Entre ellas recordó un viaje a Estados Unidos, cuando un agente migratorio confundió la estrecha relación entre ambos por el parecido físico que compartían, episodio que Camilo tomó con naturalidad y buen humor.
Mendoza explicó además que uno de los deseos personales del obispo era ser sepultado en el Santuario del Santo Cerro, lugar al que profesaba una profunda devoción por su especial vínculo con la Virgen de las Mercedes.
Sin embargo, precisó que las normas de la Iglesia establecen que los obispos eméritos sean sepultados en la cripta de la catedral de la diócesis que presidieron, motivo por el cual sus restos descansarán finalmente en la Catedral Inmaculada Concepción de La Vega.
“Era su deseo descansar en el Santo Cerro, pero la Iglesia tiene una tradición y una organización que se ha consolidado durante siglos. Como obispo emérito de esta diócesis, le corresponde ser sepultado en la catedral”, señaló Mendoza.
Por su parte, el vicario general y de Pastoral de la Diócesis de La Vega, Félix Nova, destacó la huella pastoral dejada por monseñor Camilo durante los 23 años en que estuvo al frente de la diócesis.
Nova recordó que el nombramiento episcopal de Antonio Camilo González fue anunciado personalmente por san Juan Pablo II durante su visita apostólica a República Dominicana, un hecho que calificó como excepcional dentro de la historia de la Iglesia dominicana.
El sacerdote relató que, siendo seminarista, recibió con entusiasmo aquella designación, ya que conocía de cerca a monseñor Camilo por las conferencias y clases de historia que impartía en el seminario.
Según Nova, el obispo emérito logró construir una estrecha relación con sacerdotes, diáconos, agentes pastorales y fieles, gracias a un estilo de liderazgo basado en la cercanía, la escucha y el servicio.
“Fue un pastor que nunca hizo alarde de grandeza. Vivía con una sencillez extraordinaria y nunca buscó privilegios”, expresó.
El vicario recordó que compartió numerosos años de trabajo con el obispo y destacó que llevaba una vida austera, sin exigencias personales y dispuesto a compartir cualquier alimento o alojamiento durante sus visitas pastorales.
También resaltó la intensa actividad evangelizadora que desarrolló en toda la diócesis, señalando que en ocasiones llegaba a administrar el sacramento de la confirmación en tres comunidades distintas durante una misma jornada, reflejo de su entrega al ministerio episcopal.
Para Nova, la principal herencia de monseñor Camilo no se encuentra únicamente en las obras materiales impulsadas durante su gestión, sino en el testimonio de humildad, disponibilidad y servicio que dejó a varias generaciones de sacerdotes y fieles.
Las honras fúnebres continuarán con diversas celebraciones litúrgicas antes de que sus restos sean depositados en la cripta de la Catedral Inmaculada Concepción, donde descansará quien durante más de dos décadas fue una de las figuras más representativas de la Iglesia católica en la región del Cibao.





