El Estadio Cibao se vistió de gala para dar inicio al Festival Presidente, con la llegada de Arcángel con su gira “La 8va. Maravilla World Tour”.
Con un estadio a toda capacidad, el concierto inició a las 9 de la noche, pero a las 10:28 de la noche las luces se encendieron sobre el escenario, el estadio ya estaba de pie, listo para recibir La Maravilla .
El show arrancó de inmediato con tres temas íconicos como “Pa que la pases bien”, “Amarte es esencial” y “Enamorado de ti”, que confirmaron desde el primer minuto que la noche no daría tregua.
Fue apenas al terminar esa primera tanda cuando la música se detuvo y Arcángel, ya sin banda, solo con el micrófono en la mano y miles de teléfonos encendidos frente a él, se adueñó del silencio. “Mi nombre es Armando Montalvo”, dijo, presentándose por su nombre real. “Para los que no me conocen, ¿verdad? Estoy contento de estar aquí con ustedes.”
Fue el primer respiro de una noche que se extendería por casi tres horas, hasta la 1:23 de la madrugada, pero que desde ese momento dejó claro que no sería un concierto cualquiera. Con la música apagada y el estadio en silencio, Arcángel se tomó su tiempo para hablarle a Santiago como quien le habla a su gente.
“Cero tronque, ¿oíste?”
Con la franqueza que lo caracteriza, el intérprete aprovechó ese primer momento a solas con el público para hablarle de cerca, sin filtro. “Ya ustedes saben lo peculiar que yo soy”, dijo, “que puedo ser tan franco, me gusta hablar pila de mierda y lo hacemos bien. Esta noche no será la excepción.”
Fue ahí cuando soltó la noticia que hizo estallar al estadio en aplausos, tiene un nieto. “Estamos bien de este lado, la familia está bien, los suyos también. Tengo un nieto que anda por ahí. Qué bueno. Ese sí que nació y tiene la verdadera flor, gracias al jardín que tenemos 20 años cosechando, ¿oíste? Para eso fue que se sembraron los árboles, para que las nuevas generaciones tengan buena sombra y anden tranquilos, cero tronque. El tronque lo pasé yo, ¿oíste? Y lo hicimos bien, lo hicimos bien, nos graduamos, ¿oíste? Estamos graduados.”
Y entonces, con esa misma franqueza, le avisó al público lo que le esperaba, una noche sin pausas ni protocolos: “Yo les dije que vinieran cómodos, porque yo aquí siento que esa silla que ustedes tienen atrás no la van a usar, no hace falta. No se me tranquilicen.” El estadio, de pie desde antes de que él saliera, respondió con un rugido.
Fue justo en ese tramo, todavía de pie y solo frente a las luces, cuando anunció el nombre del segmento que estaba a punto de arrancar: “Entonces, este segmento se llama buena música. Y yo le puse así porque la canción que yo voy a interpretar ahora mismo tiene exactamente los 20 años que yo tengo de carrera. Y este estadio la va a cantar como si la canción salió hace 20 días.” Con esas palabras, retomó el show, mientras el estadio, en efecto, cantaba cada palabra que seguía.
Tres cambios de vestuario y una noche de ida y vuelta con el público
Lo que siguió fue un show construido en capas, con Arcángel cambiando de vestuario en tres ocasiones a lo largo de la noche y regresando cada vez con una energía distinta. Entre tema y tema, el artista no se limitó a cantar, sino que se mantuvo conversando con el público, deteniéndose para hacer bromas, contar historias y agradecer, lo que convirtió en concierto en un encuentro cercano entre el artista y su público.
El repertorio recorrió clásicos como “Aparentemente”, “Bonita”, “Mi fanática”, “Regálame una noche” y “Llegamos a la disco”, antes de uno de los momentos más emotivos de la noche, la entrada de Zion, de Zion & Lennox, quien subió por el elevador central del escenario para acompañarlo en “No sé si fue” y “More”.
Fue durante ese segmento cuando ocurrió uno de los instantes más humanos del concierto. Cantando “Pa que te enamores”, Arcángel se quedó en blanco, olvidó el verso que seguía, y lejos de disimularlo, lo dijo en voz alta y se lo atribuyó, sin rodeos, a la emoción de tener a su lado a Zion, la primera persona que le dio una oportunidad en la música. El público, en vez de notarlo como un tropiezo, lo celebró como parte de la noche.

Zion fue uno de los artistas invitados al concierto de Arcángel en el Estadio Cibao, el sábado 25 de julio de 2026.foto: fuente externa
Tras la salida de Zion y un blackout, llegó el segundo cambio de vestuario y el regreso de Frabián al escenario para dar paso a “Por amar a ciegas”, acompañado de un arreglo de violines en vivo que bajó por completo el ritmo del show y lo llenó de otro tipo de emoción.
El bloque dominicano y el regreso a casa
Ya con el tercer cambio de vestuario, Arcángel retomó el pulso alto con el bloque que da nombre a la gira, “8va Maravilla”, “Mírame baby”, “Flow violento”, “Contigo quiero amores”, “Me prefieres a mí”, “Cómo tiene que ser” y “Hace mucho tiempo”, antes de anunciar el segmento de remixes con “Si se da”, “Travesuras”, “Camuflaje” y “Diles”, que el estadio coreó de principio a fin.
El momento de mayor identidad local llegó con el “bloque RD”, cuando el DJ Adoni subió por el elevador para acompañarlo en una tanda de temas con sabor dominicano, “Lo que te killa” con Bulin 47, “No me des cotorra”, “Dile a tu mario” con Sujeto, “Tú tá mofle”, “Capea el Dough” con Black Point, “Me compré un Panamera”, “Dios bendiga”, “La Chanty”, “A correr los Lakers” y “Qué sensación” con Jezzy. Fue, sin dudas, uno de los tramos donde el público sintió al artista más cerca de casa.

Arcángel junto a su hijo Austincito en su presentación en el Estadio Cibao, Santiago de los Caballeros, el sábado 25 de julio de 2026.foto: fuente externa
Más adelante, Arcángel presentó a su hijo, Austincito, con quien interpretó “Gohan y Goku” y a quien le dio un momento propio con “Palto”, antes de despedirlo del escenario entre aplausos.
“Vine a Santiago porque es la tierra de mis padres y yo quería cantar aquí en el Cibao”, explicó.
Entre canción y canción, Arcángel dejó ver el lado más personal de la noche. Contó que su primera pela con una extensión se la dio, aquí mismo en el país, su tía Celeste, y recordó que, si por él fuera, siempre preferiría pasar sus vacaciones en la calle 10 de Gurabo, donde todavía vive parte de su familia. Explicó que tenía pendiente un concierto en Santiago desde hacía tiempo, porque es la tierra de la que son sus padres, y que por eso esa parada de la gira le pesaba distinto.
El cierre llegó con “La Ocasión”, “Me amas y me odias”, “Tacos altos / privado”, “Ahora dice”, “Si te veo” y “Sigues con él”, hasta desembocar en “La Jumpa”, el tema final, interpretado junto a todos los invitados de la noche, Zion, Bulin 47, DJ Adoni, Flow Mafia, Jezzy y Austincito, quienes subieron juntos al escenario para cerrar, todos a la vez, una noche que Arcángel convirtió en una carta de amor a la tierra de sus padres.
La promesa
Antes de despedirse, prometió volver al país dentro de dos años y adelantó que su próxima meta es “el grandote”, en referencia al Estadio Olímpico, el gran escenario que todavía le falta por conquistar en el país.




