La reciente imputación en Estados Unidos del expresidente cubano Raúl Castro por el derribo de dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate en 1996 ha reavivado uno de los episodios más tensos en la historia reciente entre ambos países.
El 24 de febrero de ese año, cazas MiG cubanos derribaron dos aeronaves civiles causando la muerte de cuatro personas. Un tercer avión, donde viajaba José Basulto, el jefe de la organización fundada por exiliados cubanos anticasatristas, logró escapar.
Washington sostiene que el ataque se produjo sobre aguas internacionales, mientras La Habana afirma que actuó en legítima defensa en sus aguas territoriales.
Treinta años después, la justicia estadounidense acusa a Castro —entonces ministro de Defensa— de asesinato, conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses y destrucción de aeronaves, en medio de una fuerte presión de la administración de Donald Trump sobre Cuba.
René González, piloto y exagente de inteligencia cubano infiltrado en Estados Unidos entre 1991 y 1998, participó en la fundación de Hermanos al Rescate y da a la AFP su versión de los hechos.
Un grupo “humanitario”
En una entrevista en su casa en La Habana, González cuenta que la organización era conocida por sus misiones de búsqueda de balseros cubanos que intentaban llegar a Florida en embarcaciones precarias.
Sin embargo, sostiene que tras esa imagen humanitaria había otros objetivos.
“Detrás de un concepto humanitario de salvar vidas se esconde toda una serie de esquemas que no son públicos”, dijo en referencia a supuestos planes violentos de la organización en Cuba.
El exespía afirma que esta radicalización comenzó a desarrollarse a mediados de los 1990.
“Fueron escalando (…) bajo la percepción de que a esto (el gobierno comunista) ya le quedaban días”, explica, en referencia a la dura crisis económica que atravesaba Cuba por la caída de la Unión Soviética.
El exagente matiza, no obstante, que no todos los integrantes compartían esas intenciones.
“Dentro de los que cayeron hay dos muchachos que a mí me duele: Carlos Costa y Mario de la Peña, que lo que querían era hacer horas de vuelo y salvar balseros” y “no tenían nada que ver con el resto de los otros planes”, afirmó.
También recordó una incursión aérea sobre La Habana en 1994 en la que participó con la organización: “Volamos a unas tres millas del malecón, lanzando bengalas, bombas de humo (…) fue una violación flagrante (del espacio aéreo cubano) muy publicitada” por medios estadounidenses.
El día del derribo
Sobre el 24 de febrero de 1996, González recuerda el momento en que conoció la noticia. Estaba en la cocina de su casa en Miami: “Para mí fue un shock”.
Como espía cubano en Florida “fueron días difíciles de estar constantemente en alerta, transmitiendo información, recibiendo orientaciones (desde La Habana) sobre cómo manejar el tema”, cuenta González, detenido en Estados Unidos en 1998 y condenado a 15 años de prisión.