Barahona. – Conocida como “La Perla del Sur”, enfrenta un grave problema ambiental debido a la acumulación de sargazo en su litoral. Este fenómeno ha generado no solo una pérdida de la belleza natural de la zona, sino también preocupantes malos olores que afectan tanto a residentes como a visitantes.
Los montones de sargazo se han concentrado entre las populares playas de Casita Blanca y El Cayo, donde, según testimonios de varios moradores, llevan entre 20 días y un mes acumulándose. Este estado contrasta drásticamente con la imagen habitual de estas playas, que son conocidas por sus aguas cristalinas y tonalidades turquesas, las cuales atraían a numerosos visitantes en busca de recreación.
Ante esta alarmante situación, los residentes han hecho un llamado a las autoridades para que tomen medidas efectivas que mitiguen los efectos de la acumulación de algas. La pestilencia generada por el sargazo se percibe a varios kilómetros de distancia, haciendo que permanecer en las cercanías del litoral sea incómodo debido al fuerte olor que emana del material en descomposición.
Observaciones en el litoral
Al recorrer la zona, se puede observar una extensa franja marrón que se extiende mar adentro, en algunos lugares mezclada con residuos sólidos arrastrados por las corrientes. Roberto, un residente que prefiere mantener su identidad en el anonimato, comentó que la presencia de sargazo se ha vuelto habitual, pero este año ha sido notablemente mayor que en temporadas anteriores.
Este tramo de playa es uno de los más frecuentados por los locales, gracias a sus aguas poco profundas y transparentes, ideales para actividades recreativas y familiares. Sin embargo, la acumulación de sargazo está afectando la experiencia de quienes buscan disfrutar de este espacio.
Impacto ambiental, económico y sanitario
El sargazo no solo representa un desafío ambiental por sus efectos en los ecosistemas costeros, sino que también tiene un impacto económico significativo en la actividad turística. Su descomposición libera gases potencialmente nocivos, como el sulfuro de hidrógeno, que pueden afectar la salud de las personas expuestas durante períodos prolongados.
Marina, otra residente que también prefiere no revelar su nombre, trabaja como mesera en un restaurante de la zona y asegura que el fuerte olor dificulta su desplazamiento hacia su lugar de trabajo, lo que refleja el impacto directo que esta situación tiene en la vida cotidiana de los habitantes.
Acumulaciones récord en el Atlántico
Un reciente boletín del Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida ha confirmado que en abril la acumulación de sargazo alcanzó niveles récord en prácticamente todas las regiones monitoreadas del Atlántico tropical. Los volúmenes registrados no solo superaron el promedio histórico para ese mes, sino que también figuran entre los más altos observados desde que existen registros satelitales del fenómeno.
El litoral sur de la República Dominicana comenzó a sentir el impacto de estas arribazones a mediados de abril, cuando grandes cantidades de sargazo llegaron a las costas de Boca Chica, en la provincia de Santo Domingo. El informe también advierte que para ese período el sargazo ya se había extendido por gran parte del mar Caribe y se desplazaba hacia el Golfo de México, confirmando la consolidación del denominado Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico.
Recomendaciones para Barahona y Pedernales
Frente a esta problemática, el Plan Nacional de Contingencia para el Manejo de las Arribazones del Sargazo, elaborado por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, recomienda que en provincias como Barahona y Pedernales se realice la recolección del sargazo en el mar y se busquen aplicaciones productivas para su aprovechamiento. Esto tiene como objetivo reducir el impacto sobre las actividades turísticas y las comunidades costeras.
Mientras tanto, los residentes de Barahona continúan esperando acciones efectivas que les permitan recuperar las condiciones de uno de los principales atractivos naturales de la región sur del país. La colaboración entre autoridades y comunidades es esencial para enfrentar este desafío y restaurar la belleza de las costas de Barahona.





