“Veía la bengala que llegaba y la explosión”, cuenta Alpidio Lovera en el barrio Bolívar de La Guaira, el puerto y aeropuerto de Caracas que fue blanco de ataques estadounidenses en la madrugada del sábado, los cuales concluyeron con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro.
Al menos dos proyectiles cayeron en los depósitos y contenedores de los muelles, a un centenar de metros de ese barrio popular. Algunos contenedores quedaron destrozados por las explosiones, mientras la humareda continuaba saliendo de los depósitos.
Bomberos y empleados se activaron con una excavadora unas 12 horas después de los ataques. Policías en motocicletas, armados con fusiles, patrullaban la zona para evitar saqueos, mientras algunos curiosos filmaban las barreras deformadas por la explosión.
En el suelo había restos de vidrios y fragmentos de metal arrojados a decenas de metros a la redonda.
La onda expansiva dañó edificios públicos frente a la costa, hizo estallar los vidrios y destruyó varios techos de zinc de viejas casas en una calle trasera.
Impacto en la comunidad tras los ataques
“Nos activamos todos y sacamos a la gente de la comunidad para el cerro”, explica Alpidio, de 47 años, cuya esposa está embarazada. “Llega a caer un misil de esos para acá y no queda nada”, agrega.
Traumático
Su hermana, Linda Unamuno, de 39 años y con tres décadas viviendo en el barrio, estalla en llanto al evocar su noche de pesadilla. “A las dos de la mañana se escuchó el primer sonido. Salí a buscar a mi hija”, de 11 años, en la habitación vecina.
“La onda expansiva rompió todo el techo de mi casa. Me arrinconé para proteger a mi hija. Realmente se escuchó el estruendo. No sabía qué estaba pasando. Pensé que el cerro se estaba cayendo”, relata, 26 años después de la tragedia de Vargas, un gigantesco deslizamiento de tierra que causó más de 10,000 muertos en esta zona.
“Cuando salí fue que vi lo que estaba pasando. Hasta hace un rato estaba llorando. Es traumático. No se lo deseo a nadie, de verdad”, solloza.
Reacciones y testimonios de los vecinos
“Está mal hecho lo que hicieron. Muy mal hecho. Porque si querían hacer lo que iban a hacer, lo hubieran hecho de otra forma. No asustarnos así como nos asustaron”, concluye.
Un vecino, Alirio Elista, de 68 años, cuyo tanque de agua se rompió, asiente: “Hay que vivirlo para saber. La gente que dice que la invasión es la solución no sabe de qué habla. Hay que encontrar una solución pacífica“.
- “Ni Maduro ni tampoco María Corina Machado; quiero una persona honesta que quiera el país”, agrega.
- Recuerda los tiempos del boom petrolero, cuando el crudo corría a raudales. “Hoy en día gano 130 bolívares, unos 42 centavos de dólar, de pensión. No alcanza para nada. Pasamos hambre. Esto no va a tener solución de un día para otro; va a tardar 15 años en resolverse”.





