A 16 años del terremoto que devastó Haití el 12 de enero de 2010, el país continúa sumido en una profunda crisis social, económica e institucional, sin lograr una recuperación sostenida tras una de las mayores tragedias de la historia de América Latina.
El sismo, de 7.3 grados en la escala de Richter, ocurrió a las 4:45 de la tarde y destruyó gran parte de Puerto Príncipe, la capital haitiana. La falta de infraestructuras adecuadas y edificaciones resistentes provocó un colapso generalizado, con un saldo superior a los 300 mil fallecidos y más de 1.3 millones de personas que quedaron sin hogar.
La magnitud del desastre contrasta con otros terremotos de mayor intensidad. En México, el sismo de 8.1 grados registrado el 19 de septiembre de 1985 causó alrededor de 10 mil muertes en una zona urbana con más de 14 millones de habitantes. En Haití, con una población cercana a los dos millones en ese momento, el número de víctimas fue casi 30 veces mayor.
Lejos de significar el inicio de la reconstrucción, el terremoto profundizó la pobreza estructural del país. Hoy, Haití enfrenta altos niveles de inseguridad, colapso de servicios básicos y una crisis humanitaria persistente, mientras millones de ciudadanos siguen viviendo en condiciones de extrema vulnerabilidad.
El terremoto de 2010 no solo destruyó edificaciones, sino que marcó un antes y un después en la historia del país, cuyas consecuencias aún se sienten con fuerza más de una década después.




