El 31 de agosto de 1979, la República Dominicana fue golpeada por uno de los huracanes más devastadores de su historia “el huracán David”. Con vientos sostenidos de más de 240 a 280 kilómetros por hora, el fenómeno natural arrasó gran parte del territorio nacional, dejando una estela de destrucción, dolor y memoria colectiva.
A 46 años de aquel fatídico día, el recuerdo sigue vivo en quienes lo vivieron y en las generaciones que heredaron sus relatos. David no solo destruyó miles de viviendas y cosechas, sino que también evidenció la vulnerabilidad de un país poco preparado para enfrentar un desastre de tal magnitud.
Las cifras oficiales estiman que más de 4,000 personas perdieron la vida y cerca de 15,000 quedaron sin hogar. Barrios completos de Santo Domingo quedaron reducidos a escombros, los ríos se desbordaron y la infraestructura eléctrica y de agua colapsó casi por completo.
Para muchos dominicanos, la experiencia fue un antes y un después; familias enteras se refugiaron en iglesias, escuelas y edificios públicos, mientras la ayuda internacional llegaba lentamente a una nación que luchaba por ponerse de pie.
Más allá de las pérdidas humanas y materiales, el huracán dejó lecciones profundas. El país entendió la importancia de planificación urbana, prevención y respuesta ante desastres naturales. Con el tiempo, se fortaleció la Oficina Nacional de Meteorología (INDOMET), se mejoraron los sistemas de alerta temprana y se desarrollaron planes de evacuación comunitaria.
Sin embargo, muchos expertos señalan que, a pesar de los avances, la vulnerabilidad persiste. La falta de ordenamiento territorial, los asentamientos en zonas de alto riesgo y el cambio climático son recordatorios constantes de que otra tragedia similar podría repetirse.
Cada año, al acercarse la fecha, surgen testimonios que reviven el horror y la resiliencia. Sobrevivientes narran cómo compartieron lo poco que quedaba y cómo la solidaridad fue clave para la recuperación.
“Fue algo muy aterrador” Pudimos ver como casas, árboles, caminos vecinales fueron destruidos a causa de este ciclón, que también afectó la agricultura en la zona, dijo Cristino Toribio.
Hoy, 46 años después, el Huracán David no es solo un capítulo doloroso en la historia dominicana, sino también un símbolo de resistencia y de la necesidad urgente de no olvidar. Recordarlo es, al mismo tiempo, honrar a las víctimas y reconocer que la preparación es la mejor herramienta para evitar que la historia se repita.