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El quehacer político y sus distorsiones clásicas
Posted by lanacionaldia on 1st agosto 2017
El sociólogo y director de La Información en un seminario taller dirigido a estudiantes de posgrado en ciencias sociales de UTESA, hizo una presentación de los criterios y disciplinas que concurren en la política y cuyas contradicciones las ilustró con el fracaso de la estrategia política que aplicara la Odebrecht, multinacional brasileña que hoy paga el error de haber violado la licitud del comercio internacional.
A continuación se describe un consolidado de su exposición que despertó el interés de los participantes:
Criterios y disciplinas de la política
El trabajo político visto desde la óptica de las disciplinas que guían el actuar humano, es el momento teórico-práctico de la acción en el que se deben decidir los medios que conectan con el logro de los fines de la acción. Esos fines deben cumplir con los criterios de la urgencia y de la importancia el primero derivado de la Ciencia y la Tecnología que identifican las necesidades urgentes; y el segundo establecido por la Ideología, la cual toma prestado las valoraciones que hace la Doctrina, cuerpo de enseñanzas que fija lo importante pasando por la Ética que define lo que es bueno para el hombre en su superación.
Al momento de seleccionar y organizar los medios que se traducen en políticas, estrategias, procedimientos y en recursos técnicos, financieros y organizativos, la política y los políticos tienen que hacer esa tarea tomando en cuenta los criterios o escalas de: primero la licitud o lo permitido por la ley que viene de la Ética y del ethos cultural que viene del saber común o tradicional; segundo el criterio de la factibilidad, esto es que los medios se encuentran disponibles ambiental, técnica y económicamente; y por último, los medios deben cumplir con la escala de la eficacia y la eficiencia. Eficacia que conecta con los fines y eficiencia que lo hace al más bajo costo.
Esas escalas o criterios para fijar los fines y los medios de la acción política, son los parámetros y herramientas con los que brega el político. Y para ello el político tiene que recurrir y cultivar el conocimiento que le provee la Ciencia, la Tecnología y la Ética, así como la Doctrina, cuerpo de enseñanza que marca lo importante y la Ideología, interpretación de la Realidad comprometida que tiene por misión señalar los fines de la acción, para terminar con  la elaboración de la Plataforma que contiene las Políticas, los Planes, Programas y Proyectos para con ellos desencadenar y transformar la Realidad, a través del manejo de la institucionalidad que conforman los sistemas sociales: Estado, Mercado, Partidos, Sociedad Civil, etc..
Distorsiones de la política
La estabilidad política de los sistemas sociales, depende entonces de la formación y destreza de los políticos o de los agentes que intervienen en la política para armonizar en la toma de decisiones esos criterios que rigen la praxis, articulándolos con los múltiples intereses que se mueven en los grupos, organizaciones y clases sociales que interactúan, muchas veces en conflicto en la dinámica social, de lo cual resulta el nivel de legitimidad y eficiencia de lo sistemas, y de cuya combinación, de acuerdo a la teoría sociológica del poder, resulta la estabilidad del  régimen político.
Pero con frecuencia, en esa dinámica entre política y sociedad, los actores políticos incurren en una serie de comportamientos que distorsionan la política en la escogencia de los fines y en la selección de los medios, distorsiones que son perversiones de las cuales las más conocidas son: el “maquiavelismo” que se produce cuando el actor político solo pone el énfasis en la eficiencia de los medios despreciando el criterio de la licitud y la ética. El maquiavelismo se expresa en la conocida máxima “el fin justifica los medios”; el “oportunismo” cuando el énfasis se pone en el medio más a la mano o disponible soslayando la importancia del fin y la eficiencia del medio; el “populismo” o politiquería que consiste en poner el énfasis en el fin urgente sin importarle la eficiencia de los medios como se evidencia en los llamados “operativos”; y el “ilusionismo” que se centra en el fin importante pero descuidando la factibilidad de los medios. La heroicidad de muchos de los más puros patriotas y luchadores por la libertad y la democracia dominicana ilustran muy bien esta distorsión propia de los “ilusos” más emotivos que racionales.
El “maquiavelismo” y la Odebrecht
Esas perversiones de la política se producen con regularidad en el sistema político independientemente del régimen político que se adopte. El caso del “maquiavelismo” se observa con toda claridad, por ejemplo, en el caso de corrupción continental más espectacular de la Odebrecht, multinacional brasileña que conjuntamente con otros conglomerados empresariales de Brasil, puso en marcha una estrategia de expansión de mercados mundiales superpuesta a los gobiernos asociados al llamado “socialismo del siglo XXI” auspiciado por el Presidente Lula, estrategia que asumió como fin central sacar a millones de brasileños de la pobreza, fin éticamente legítimo e importante frente al grave problema de la desigualdad y la pobreza, pero que al momento de diseñar su estrategia de aplicación violó a nivel de los medios la escala de la licitud que rige el comercio internacional y el mundo de la bolsa de valores en el nuevo marco del capitalismo neoliberal regido por la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Esa estrategia violadora de los criterios de la praxis política se llevó a cabo aplicando los mecanismos (medios) del soborno y el chantaje a políticos y funcionarios no solo de Brasil sino de toda la región, a través de los cuales se lograba la adjudicación de los proyectos de grandes obras, las cuales se obtenían además  ofreciendo financiamiento para las campañas electorales de los políticos candidatos a cargos electivos, financiamiento que se viabilizaba con la sobreevaluación de los proyectos. La violación a la licitud y la Ética llegó incluso a la práctica de conductas degeneradas, mediante el auspicio de orgias sexuales con los funcionarios y políticos aliados, a manera de manifestar su “agradecimiento”, según lo ha declarado uno de los funcionarios brasileños preso en España.
Sin embargo, esa operación claramente maquiavélica, tuvo su origen en un contexto internacional caracterizado por la estrategia de la globalización neoliberal, estrategia que no solo privilegia la competitividad entre los agentes económicos privados, sino que ha traído consigo la confusión y fusión de los roles de político y empresario: “todo en el nuevo orden es negocio”, perdiéndose con ello la diferenciación y especialización entre esos roles  fundamentales de la vida económica y política, al tiempo que el político también perdió la responsabilidad frente a la función pública.
En ese contexto de la economía neoliberal, la competencia entre las grandes multinacionales en su afán por controlar los mercados, en el caso de la Odebrecht, flexibilizaron su actitud frente a la licitud y la Ética, cayendo en la tentación de monopolizar los mercados, y procediendo a la aplicación de una estrategia que asumiendo un fin loable y legitimo como el de combatir la pobreza, sin embargo, violentó la escala de la licitud, atacando la institucionalidad del ordenamiento del mercado internacional, sustentado por los “sagrados” intereses del nuevo orden mundial. De esa forma Brasil desplazó a los EE.UU en el control de estos mercados y simultáneamente en su tradicional influencia o injerencia sobre los gobiernos de los países de la región.
Esa consecuencia política y económica de la estrategia sudamericana, podía encontrar eco en los países de la región como una estrategia de liberación y emancipación de estos pueblos del peso de la influencia de los EE.UU. La liberación ya no era un propósito lograble mediante la “revolución” armada, sino que podía lograrse a través de la competencia y choque entre las grandes multinacionales en su afán por el control de mercados y de gobiernos. Pero la estrategia contenía en sí misma una contradicción que la hacía vulnerable: la contradicción de un fin ético como el combate a la desigualdad y la pobreza, pero con unos medios políticos violadores de la escala de la licitud, contradicción que inmoralizaba y hacia delictiva toda la estrategia.
Descubierta la “trama” antiética de la Odebrecht, los EE.UU y sus aliados europeos procedieron a una contraofensiva recurriendo en gran medida a la estrategia institucionalista de los “golpes blandos”, aprovechando la contradicción dialéctica entre los frentes oligárquicos y las masas populares enfrentadas, conflicto alimentado por los gobiernos del “socialismo del siglo XXI”  y que se fuera ahondando a medida que esos gobiernos no pudieron definir un modelo de intervención que permitiera superar la contradicción dialéctica entre la institucionalidad del mercado generador del poder fáctico dominante y la nueva institucionalidad del “socialismo” protagonizado por las “masas irredentas”. El “socialismo”, todavía dentro del capitalismo, no encuentra la fórmula del éxito.
De ese modo, la contraofensiva imperial pudo devolver al Paraguay a su viejo dominio. También lo logró con Argentina estableciendo a Macri, y luego con el “Lava Jato” en Brasil deshizo el tinglado corrupto de sus grandes multinacionales y simultáneamente sacó a Dilma del Gobierno, al tiempo que mantiene acorralado al mismo Lula, mientras en Venezuela el “chavismo” con Maduro agoniza, sin capacidad de respuesta para su recuperación.
Conclusión fruto de las contradicciones que genera la praxis política cuando se violan los requisitos normativos al momento de la selección de los medios, en medio de un conflicto de enfrentamiento de clases sociales determinado por la dialéctica que mueve la historia.